
Después de que Kurt se voló la cabeza y acabó con el grunge para siempre, en la primera mitad de los noventas, el mundo de la música se volvió un lugar extraño. A los charts llegaron figuras como Jamiroquai, Sublime y No Doubt, que se apartaban radicalmente de los géneros tradicionales, forzados a convivir con efímeros grupos como las Spice Girls, los Backstreet Boys y Hootie & The Blowfish. Eran tiempos confusos. Metallica editó "Load", apartándose de su estilo hevymetalero. The Cure, al no poder superar la perfección de "Wish" se hizo alternativo y sacó "Wild Mood Swings". Y Faith No More, que perturbó los últimos años decadentes de las hair bands con "Epic", se vio obligado a guardar su anacrónico wacky look de payasos en ácido:

Para verse como... bueno... un grupo de desempleados apáticos.

"King For a Day" (1995) dio muchas vueltas en mi estéreo. En ocasiones fue terapéutico, purgando mis frustraciones; mientras que en otras me reconfortaba. Tiene moods muy variados: Desde lo romántico de "Take This Bottle", a lo jazzy de "Evidence", tomando algo de bossa nova en "Caralho Voador" y rayando en la esquizofrenia de "Ugly In The Morning". Pero fundamentalmente es un disco de metal agresivo y transgresor.
Los conflictos internos y la pérdida del guitarrista Jim Martin (elemento imprescindible de la banda), separaron a estos músicos californianos encabezados por Mike Paton, después de la salida del aceptable "Album of the Year". La buena noticia es que la banda anunció hace poco que se reunirá de nuevo, lo malo es que sólo tocarán en Europa. Fuckers.










































